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¿Se nace con autismo o se desarrolla? Lo que dicen la ciencia y la experiencia

¿Las personas autistas nacen así o pueden “volverse autistas” por causas externas? Esta pregunta, aunque común, es mucho más compleja de lo que parece. Para muchas familias, especialistas y personas dentro del espectro, entender las causas del autismo puede ser una forma de aliviar culpas, de responder preguntas, y también de tomar mejores decisiones en torno al acompañamiento y el cuidado.

A lo largo de los años, la ciencia ha tratado de responder esta duda desde diferentes perspectivas: genética, ambiental, epigenética, biomédica. Algunas teorías ya han sido descartadas, otras se han fortalecido con nuevas investigaciones. Lo cierto es que hoy no hay una única causa del autismo, sino una combinación de factores que influyen en su aparición.

Este artículo reúne los hallazgos más relevantes presentados por Constanza Castro en su trabajo Desmitificando el autismo: una introducción al tratamiento biomédico, y los explica de forma accesible para todas las personas interesadas en comprender mejor el origen del TEA.

Qué es el autismo y por qué se buscan sus causas

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta la forma en que una persona percibe el mundo, se comunica y se relaciona. No es una enfermedad mental ni una discapacidad intelectual, aunque puede coexistir con otras condiciones. Tampoco se manifiesta igual en todas las personas: el espectro es amplio, diverso y profundamente individual.

A lo largo del tiempo, la búsqueda de sus causas ha estado marcada por teorías dañinas, como la de las “madres nevera”, que culpaba a las mujeres por la frialdad emocional de sus hijos. Por fortuna, la ciencia ha avanzado hacia explicaciones más integradoras y respetuosas, que toman en cuenta tanto la biología como el ambiente.

Genética y autismo: lo que se sabe hasta ahora

Según el pediatra Andrés Marcano, citado por Constanza, existen dos grandes tipos de autismo:

– Autismo secundario: representa el 15% de los casos. Es cuando puede identificarse una alteración genética concreta, como una mutación o un trastorno cromosómico.

– Autismo idiopático: el más frecuente (85%). No hay una causa genética única, sino una combinación de factores. Muchas veces se presenta como autismo regresivo, cuando el niño cumple los hitos del desarrollo y luego experimenta una pérdida de habilidades.

Estudios con gemelos también han mostrado que cuando uno tiene autismo, el otro tiene una alta probabilidad de compartir ese diagnóstico, especialmente si son gemelos idénticos. Esto sugiere un fuerte componente genético, aunque no determinista.

Simon Baron-Cohen, referente en neurodiversidad, descubrió que en muchos casos de autismo hay altos niveles de hormonas sexuales (andrógenos y estrógenos) durante el embarazo. Esto refuerza la hipótesis de que el autismo comienza antes del nacimiento, en etapas muy tempranas del desarrollo.

Factores ambientales: una pieza del rompecabezas

Además de la genética, Constanza presenta evidencia sobre la influencia del ambiente en el desarrollo del autismo. Esto no se refiere a la crianza o a las emociones familiares, sino a factores físicos y químicos que pueden alterar la salud en etapas clave, como el embarazo o los primeros años de vida.

Entre estos factores están:
– Exposición a metales pesados (como mercurio o aluminio)
– Uso temprano y frecuente de antibióticos
– Contaminación ambiental o vivir cerca de fuentes de tóxicos
– Mala alimentación o desnutrición materna
– Estrés crónico durante el embarazo

Según la fundación LINCA, especializada en tratamiento biomédico, estos factores pueden activar una vulnerabilidad genética ya existente. No causan el autismo por sí solos, pero sí pueden influir en cómo se manifiesta.

Nacer con autismo y desarrollarse con autismo: una visión integradora

Una de las reflexiones más importantes que ofrece Constanza en su trabajo es que no se trata de elegir entre naturaleza o ambiente, sino de entender que ambos interactúan. El autismo es una condición que puede estar presente desde antes del nacimiento, pero su forma de expresarse depende de muchas variables: biológicas, ambientales, incluso sociales.

El enfoque biomédico, que ella estudia en profundidad, no busca curar el autismo, sino mejorar la calidad de vida de las personas autistas, atendiendo las comorbilidades (como problemas digestivos, inflamación crónica, desregulación inmunológica). Comprender de dónde viene el autismo puede ayudar a construir mejores estrategias de apoyo, pero también a dejar atrás la culpa o la necesidad de “reparar” a alguien.

Conclusión

El autismo no tiene una sola causa ni una sola forma de presentarse. La genética, la biología, el ambiente y el momento en que todo ocurre juegan un papel importante. A veces se nace con una predisposición, y otras veces esa predisposición se activa con ciertas condiciones externas. Lo esencial es reconocer esta complejidad y dejar de buscar culpables.

Lo que sí podemos hacer es acompañar mejor, cuidar la salud integral y construir entornos que comprendan, respeten y valoren la diversidad neurológica.

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Esta publicación es parte de una serie de 12 artículos sobre el autismo desde una mirada integral, inspirada en el trabajo de investigación de Constanza Castro.

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